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Versículos de la Biblia sobre 'A'

  • No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.
  • Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es un mentiroso; porque el que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede amar a Dios a quien no ha visto.
  • Y el segundo es semejante a este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
  • Así también deben amar los maridos a sus mujeres, como a sus propios cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama.
  • El cual pagará a cada uno conforme a sus obras.
  • Jesús le dijo: Suéltame porque todavía no he subido al Padre; pero ve a mis hermanos, y diles: «Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios».
  • No penséis que vine a traer paz a la tierra; no vine a traer paz, sino espada.
  • El Señor abre los ojos a los ciegos,
    el Señor levanta a los caídos,
    el Señor ama a los justos.
  • Por esto el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne.
  • Nadie puede servir a dos señores; porque o aborrecerá a uno y amará al otro, o se apegará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.
  • No matarás; no cometerás adulterio; no hurtarás; no darás falso testimonio; honra a tu padre y a tu madre; y amarás a tu prójimo como a ti mismo.
  • Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.
  • En todo caso, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo, y que la mujer respete a su marido.
  • El Señor dará fuerza a su pueblo;
    el Señor bendecirá a su pueblo con paz.
  • No te desvíes a la derecha ni a la izquierda;
    aparta tu pie del mal.
  • Si el mundo os odia, sabéis que me ha odiado a mí antes que a vosotros.
  • Pero a vosotros los que oís, os digo: amad a vuestros enemigos; haced bien a los que os aborrecen; bendecid a los que os maldicen; orad por los que os vituperan.
  • No a nosotros, Señor, no a nosotros,
    sino a tu nombre da gloria,
    por tu misericordia, por tu fidelidad.
  • El Espíritu del Señor está sobre mí,
    porque me ha ungido para anunciar el evangelio a los pobres.
    Me ha enviado para proclamar libertad a los cautivos,
    y la recuperación de la vista a los ciegos;
    para poner en libertad a los oprimidos.
  • Inclina mi corazón a tus testimonios
    y no a la ganancia deshonesta.
  • Porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que se había perdido.
  • ¿A quién tengo yo en los cielos, sino a ti?
    Y fuera de ti, nada deseo en la tierra.
  • No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama a su prójimo, ha cumplido la ley.
  • No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros.
  • Y este mandamiento tenemos de Él: que el que ama a Dios, ame también a su hermano.
  • Como a medianoche, Pablo y Silas oraban y cantaban himnos a Dios, y los presos los escuchaban.
  • Y llamando a la multitud y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz, y sígame.
  • Mas id, y aprended lo que significa: «Misericordia quiero y no sacrificio»; porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores.
  • Creó, pues, Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.
  • Pero a todos los que le recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios, es decir, a los que creen en su nombre.
  • El Espíritu del Señor Dios está sobre mí,
    porque me ha ungido el Señor
    para traer buenas nuevas a los afligidos;
    me ha enviado para vendar a los quebrantados de corazón,
    para proclamar libertad a los cautivos
    y liberación a los prisioneros.
  • Mientras ministraban al Señor y ayunaban, el Espíritu Santo dijo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a la que los he llamado.
  • No odiarás a tu compatriota en tu corazón; podrás ciertamente reprender a tu prójimo, pero no incurrirás en pecado a causa de él. No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo; yo soy el Señor.
  • Ya que eres precioso a mis ojos,
    digno de honra, y yo te amo,
    daré a otros hombres en lugar tuyo,
    y a otros pueblos por tu vida.
  • Y si rehúsa escucharlos, dilo a la iglesia; y si también rehúsa escuchar a la iglesia, sea para ti como el gentil y el recaudador de impuestos.
  • Porque toda la ley en una palabra se cumple en el precepto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
  • Lámpara es a mis pies tu palabra,
    y luz para mi camino.
  • Y dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados.
  • Por esta razón también, obrando con toda diligencia, añadid a vuestra fe, virtud, y a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio, al dominio propio, perseverancia, y a la perseverancia, piedad, a la piedad, fraternidad y a la fraternidad, amor.
  • Poneos a prueba para ver si estáis en la fe; examinaos a vosotros mismos. ¿O no os reconocéis a vosotros mismos de que Jesucristo está en vosotros, a menos de que en verdad no paséis la prueba?
  • En cuanto a Dios, su camino es perfecto;
    acrisolada es la palabra del Señor;
    Él es escudo a todos los que a Él se acogen.
  • Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a su propósito.
  • El nombre del Señor es torre fuerte,
    a ella corre el justo y está a salvo.
  • El segundo es este: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». No hay otro mandamiento mayor que estos.
  • Bueno y recto es el Señor;
    por tanto, Él muestra a los pecadores el camino.
    Dirige a los humildes en la justicia,
    y enseña a los humildes su camino.
  • “Volveos a mí” —declara el Señor de los ejércitos— “y yo me volveré a vosotros” —dice el Señor de los ejércitos.
  • Y les dijo: El que reciba a este niño en mi nombre, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, recibe a aquel que me envió; porque el que es más pequeño entre todos vosotros, ese es grande.
  • Sanad a los enfermos que haya en ella, y decidles: «Se ha acercado a vosotros el reino de Dios».
  • Nadie ha visto jamás a Dios; el unigénito Dios, que está en el seno del Padre, Él le ha dado a conocer.
  • Para vosotros en primer lugar, Dios, habiendo resucitado a su Siervo, le ha enviado para que os bendiga, a fin de apartar a cada uno de vosotros de vuestras iniquidades.