- Porque tú, oh Jehová, bendecirás al justo;
Como con un escudo lo rodearás de tu favor. - También en el camino de tus juicios,
oh Jehová, te hemos esperado;
tu nombre y tu memoria
son el deseo de nuestra alma. - El es Todopoderoso, al cual no alcanzamos, grande en poder;
Y en juicio y en multitud de justicia no afligirá. - Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo.
- De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído.
- Ahora yo Nabucodonosor alabo, engrandezco y glorifico al Rey del cielo, porque todas sus obras son verdaderas, y sus caminos justos; y él puede humillar a los que andan con soberbia.
- Uno solo es el dador de la ley, que puede salvar y perder; pero tú, ¿quién eres para que juzgues a otro?
- Jehová abre los ojos a los ciegos;
Jehová levanta a los caídos;
Jehová ama a los justos. - El impío toma prestado, y no paga;
Mas el justo tiene misericordia, y da. - No te desvíes a la derecha ni a la izquierda;
Aparta tu pie del mal. - Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar.
- Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna.
- Sea, pues, con vosotros el temor de Jehová; mirad lo que hacéis, porque con Jehová nuestro Dios no hay injusticia, ni acepción de personas, ni admisión de cohecho.
- Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio.
- Buscad a Jehová todos los humildes de la tierra, los que pusisteis por obra su juicio; buscad justicia, buscad mansedumbre; quizá seréis guardados en el día del enojo de Jehová.
- Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor.
- Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno.
- Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque.
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