- ¿A dónde podría alejarme de tu Espíritu?
¿A dónde podría huir de tu presencia?
Si subiera al cielo, allí estás tú;
si tendiera mi lecho en el fondo del abismo,
también estás allí. - Tú creaste mis entrañas;
me formaste en el vientre de mi madre.
¡Te alabo porque soy una creación admirable!
¡Tus obras son maravillosas,
y esto lo sé muy bien! - Examíname, oh Dios, y sondea mi corazón;
ponme a prueba y sondea mis pensamientos.
Fíjate si voy por mal camino,
y guíame por el camino eterno. - Escucha, Señor, mi oración;
atiende a mi súplica.
Por tu fidelidad y tu justicia,
respóndeme. - Hacia ti extiendo las manos;
me haces falta, como el agua a la tierra seca. Selah - Por la mañana hazme saber de tu gran amor,
porque en ti he puesto mi confianza.
Señálame el camino que debo seguir,
porque a ti elevo mi alma. - Enséñame a hacer tu voluntad,
porque tú eres mi Dios.
Que tu buen Espíritu me guíe
por un terreno sin obstáculos. - Te exaltaré, mi Dios y rey;
por siempre bendeciré tu nombre. - Grande es el Señor, y digno de toda alabanza;
su grandeza es insondable. - El Señor es justo en todos sus caminos
y bondadoso en todas sus obras. - El Señor está cerca de quienes lo invocan,
de quienes lo invocan en verdad. - El Señor da vista a los ciegos,
el Señor sostiene a los agobiados,
el Señor ama a los justos. - El Señor protege al extranjero
y sostiene al huérfano y a la viuda,
pero frustra los planes de los impíos. - Restaura a los de corazón quebrantado
y cubre con vendas sus heridas. - Porque el Señor se complace en su pueblo;
a los humildes concede el honor de la victoria. - ¡Que todo lo que respira alabe al Señor! ¡Aleluya!
¡Alabado sea el Señor! - Dichoso el hombre
que no sigue el consejo de los malvados,
ni se detiene en la senda de los pecadores
ni cultiva la amistad de los blasfemos. - Pero tú, Señor, me rodeas cual escudo;
tú eres mi gloria;
¡tú mantienes en alto mi cabeza! - Tuya es, Señor, la salvación;
¡envía tu bendición sobre tu pueblo! Selah - En paz me acuesto y me duermo,
porque solo tú, Señor, me haces vivir confiado. - Por la mañana, Señor, escuchas mi clamor;
por la mañana te presento mis ruegos,
y quedo a la espera de tu respuesta. - Porque tú, Señor, bendices a los justos;
cual escudo los rodeas con tu buena voluntad. - Me pregunto:
«¿Qué es el hombre, para que en él pienses?
¿Qué es el ser humano, para que lo tomes en cuenta?» - Quiero alabarte, Señor, con todo el corazón,
y contar todas tus maravillas. - Quiero alegrarme y regocijarme en ti,
y cantar salmos a tu nombre, oh Altísimo.