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37 Versículos de la Biblia sobre la Dependencia

« Isaías 41:13 »
Porque yo soy el Señor, tu Dios,
que sostiene tu mano derecha;
yo soy quien te dice:
“No temas, yo te ayudaré.”
Confía en el Señor de todo corazón,
y no en tu propia inteligencia.
Reconócelo en todos tus caminos,
y él allanará tus sendas.
El corazón del hombre traza su rumbo,
pero sus pasos los dirige el Señor.
Podrán desfallecer mi cuerpo y mi espíritu,
pero Dios fortalece mi corazón;
él es mi herencia eterna.
A las montañas levanto mis ojos;
¿de dónde ha de venir mi ayuda?
Mi ayuda proviene del Señor,
creador del cielo y de la tierra.
El corazón humano genera muchos proyectos,
pero al final prevalecen los designios del Señor.
Vivan en armonía los unos con los otros. No sean arrogantes, sino háganse solidarios con los humildes. No se crean los únicos que saben.
No digo esto porque esté necesitado, pues he aprendido a estar satisfecho en cualquier situación en que me encuentre.
No permitirá que tu pie resbale;
jamás duerme el que te cuida.
Él fortalece al cansado
y acrecienta las fuerzas del débil.
El Señor es mi pastor, nada me falta;
en verdes pastos me hace descansar.
Junto a tranquilas aguas me conduce.
Por lo tanto, no se angustien por el mañana, el cual tendrá sus propios afanes. Cada día tiene ya sus problemas.
Yo soy la vid y ustedes son las ramas. El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mí no pueden ustedes hacer nada.
Siempre tengo presente al Señor;
con él a mi derecha, nada me hará caer.
Pero, ¿quién soy yo, y quién es mi pueblo, para que podamos darte estas ofrendas voluntarias? En verdad, tú eres el dueño de todo, y lo que te hemos dado, de ti lo hemos recibido.
La bendición del Señor trae riquezas,
y nada se gana con preocuparse.
Ustedes quédense quietos, que el Señor presentará batalla por ustedes.
Si el Señor no edifica la casa,
en vano se esfuerzan los albañiles.
Si el Señor no cuida la ciudad,
en vano hacen guardia los vigilantes.
No bien decía: «Mis pies resbalan»,
cuando ya tu amor, Señor, venía en mi ayuda.
Desde mi angustia clamé al Señor,
y él respondió dándome libertad.
Pues así como cada uno de nosotros tiene un solo cuerpo con muchos miembros, y no todos estos miembros desempeñan la misma función, también nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo en Cristo, y cada miembro está unido a todos los demás.
Cuídame, oh Dios, porque en ti busco refugio.
Porque no fue su espada la que conquistó la tierra,
ni fue su brazo el que les dio la victoria:
fue tu brazo, tu mano derecha;
fue la luz de tu rostro, porque tú los amabas.
Los que viven según la naturaleza pecaminosa no pueden agradar a Dios.
Restáuranos, Señor, Dios Todopoderoso;
haz resplandecer tu rostro sobre nosotros,
y sálvanos.
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Proverbios 14:5
El testigo verdadero jamás engaña; el testigo falso propaga mentiras.
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